
Hace años llegó a mis manos Castillo de arena (2010) ilustrado por Dios como solo un dios es capaz de dibujar (en mi humilde opinión).
Unas 100 páginas que me dejaron en éxtasis (a tope sin drogas, chavales). Frederik lo quiso dibujar con tinta y una pluma así que efectivamente es en blanco y negro, cosa que me flipa.

La historia es extraña y efectivamente tiene en común con la película El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel que sus personajes se ven atrapados en un sitio (en el libro es una playa interior y en la película, la mansión de los Nóbile) pero no hay nada aparentemente que lo impida. Simplemente no pueden salir.
¿Cómo te quedas?
Estar atrapados hace que los personajes se transformen. Tanto Buñuel como Peeters (y Pierre Oscar Lévy) aprovechan la ocasión para ponerlos en aprietos.

Y ahí viene lo bueno… En ambos casos, si los personajes fueran chocolatinas les arrancarían el envoltorio, dejarían que se derritieran entre sus dedos creadores, las manosearían, lamerían, morderían, romperían y finalmente devorarían. Todo esto para sacar nuestro instinto más básico; sobrevivir.
Pierre Oscar le da una vueltita más, no sólo controla el espacio que también maneja el tiempo. Y ahí viene Dios (Frederik Peeters) todopoderoso y crea unos personajes que no solo están bien ejecutados. Es que además envejecen aceleradamente página tras página. Y lo que es un día de playa se convierte en una vida entera.
Una pasada, vamos.
No quiero hacer más spoilers.
Lo lees y luego ya decidimos quién es más hereje.




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