En un sentido muy amplio creo que la viñeta siempre estuvo ahí desde el arte rupestre, los jeroglíficos, la cerámica griega,… da igual el soporte en el que se dibujara, que una historia debía ser contada. 

Por otro lado, si necesitamos calmar el TOC  y que las historias sean autoconclusivas, que siempre sea el mismo personaje aunque la mano que lo dibuje cambie de nombre, el texto y la ilustración hagan sinergia y el soporte básico sea el papel. Tendremos que avanzar hasta 1865 y partirnos la caja con el alemanísimo humor de Wilhelm Busch en Max y Moritz. 

A finales del siglo XIX se usaban las tiras como reclamo para vender más periódicos. Ya por entonces esta sucesión de dibujos despertaba cierta fascinación y es que sobre el papel el tiempo se paraba. Pero algo estaba a punto de suceder… ¡Un detalle que lo revolucionaria todo! 


Richard Felton Outcault un señor de su época, peinado con la raya en medio y bigotón feliz, creó a Yellow Kid (1896) y esa línea que encierra las palabras y nos indica de dónde salen, al que en España llamamos «bocadillo» (el invento nos debió pillar sin almorzar ese día). Os podéis imaginar que no hubo ni fiesta ni cohetes y que como mucho algún freaky del momento esbozó una pueril sonrisa aquella noche. Pero fijaos todo lo que generó después…

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En Little Nemo in Slumberland (1905-1911) de Winsor McCay, ya se puede ver venir el bofetón de las Vanguardias. Este arte crece rápidamente, ya le han quitado los ruedines y grita eufórico: ¡Mira mamá! ¡sin manos!

Una maravilla.  

Y así nacieron muchos personajes e historias, superhéroes en mallas de todos los colores, guerreros históricos, mujeres cachas o delicadas, animales que hablan, mundos lejanos e infinidad de estilos hijos de su época que sirvieron como entretenimiento, propaganda, sátira política o denuncia social. Ponerlos aquí haría que faltara a la verdad y esto dejaría de ser la MUY breve historia de la viñeta pero os mostraré algunos ejemplos más cercanos en el tiempo.

La famosísima Mafalda de Quino y sus atemporales reflexiones que mucho me temo seguirán diciendo verdades a gritos por mucho que creamos que los tiempos están cambiando.

Otro niño genial vive en las 3160 tiras que dibujó Bill Watterson. Un niño de seis años que huye de la realidad y su tigre de peluche que él ve como si estuviera vivo y con el que reflexiona de temas trascendentales. Calvin y Hobbes como si fueran Juan Calvino, el teólogo, y Thomas Hobbes, el filósofo, me enseñaron a amar la tira cómica y a disfrutar cuando ante el abismo te entra la risa floja.

Forges tampoco se quedaba corto y hoy en día se pueden leer viñetas de hace 30 años como si fueran de ayer. Y eso que de niña me costaba entenderlas porque no entendía qué narices era «gensanta», «tupendo» o «recognes».

Las tiras de Flavita Banana me parecen una genialidad y el trabajo de Sergio Moreso también bebe del mismo espíritu crítico. Igual por eso siempre me los imagino juntos bebiendo cerveza, diciendo chorradas y riendo. 

Will McPhail fue un descubrimiento para mí recientemente. Vamos, que me troncho y quiero incluirlo aquí.



Mi intención era poner de relieve cómo un pequeño detalle dió pie a una nueva forma de contar historias, de expresarnos y de entretenernos. Y esto en sí ya es una historia para compartir y como compartir es gratis y todos ganamos espero vuestro feedback en los comentarios.

 

5 comentarios en «La MUY breve historia de la viñeta»

  1. Ala. Muy interesante tu breve historia del cómic. Deseando leer más cosas interesantes.

    1. ¡Muchas gracias Almudena!

      La verdad que mantener el blog activo se me está complicando por falta de tiempo.
      ¡Pero no me rindo!

      ¡Felices fiestas y feliz 2021!

  2. Artistaaaaa!!! Eres la mejor, sigue dibujando así de bien como tú sabes, un abrazo enorme 😉

Los comentarios están cerrados.