
2022 me ha dado muchas alegrías. Una de ellas ha sido ilustrar esta aventura juvenil de Chris Endsjo, que hasta ahora había escrito para público adulto novelas como «La cuna del poder», «El carnicero de Montecarmelo», «El naranjo de Bulnes» o «Cayetana la farlopera».
Lo primero que hago cuando me llega un encargo es leerme el texto entero e ir apuntando y subrayando cada detalle, cada cualidad y rasgo de la personalidad de cada personaje. Irremediablemente me enamoré de Johnny. A mi yo de 1996 la hubiera hecho suspirar y soñar despierta, sin duda.
No sería justo olvidarnos de su hermana Alexa y de los hermanos Montemolín porque juntos llegan muy lejos a pesar de ser muy diferentes. No quisiera hacer spoiler porque merece la pena ir adentrándote en la historia sin saber demasiado.
Una de las cosas que más me ilusionó como ilustradora fue hacer mi interpretación de los personajes de la mitología egipcia. Ahí estaban sus nombres: Anubis, Seth, Horus, Osiris, Bastet… esperando que yo los dibujara junto a Johnny y sus amigos.
Éste es el encuentro con Bastet, diosa impredecible a veces, siempre protectora de la familia y de los niños en particular. Representa la fertilidad y el bienestar.
En mi cabeza solo podía ser bella y ligera. Una diosa sí pero con cierto aire salvaje de ahí el tocado y los pelos sueltos.
De izquierda a derecha: Anubis, Osiris y Horus junto a Bastet.




¿Por qué en blanco y negro? Fue un requisito del encargo y todo un acierto. En primer lugar porque la atmósfera de misterio e intriga encajaba perfectamente en blanco y negro (además que en este tipo de libros menos infantiles es habitual encontrar las ilustraciones en B/N). Y en segundo lugar, me pareció un acierto porque me encanta el blanco y negro, buscar el contraste, la luz y la textura es un trabajo muy satisfactorio para mí y en el que me siento muy cómoda.
En esta escena lo tenía clarísimo desde un principio, la lámpara creando un triángulo de luz sobre los personajes. La puerta y esos detalles de cables y tuberías dibujados con una simple línea blanca. Me imaginaba una luz densa en la que ves flotar las motas de polvo y a la vez hace casi desaparecer todo lo que no está iluminado. Enmarca a los personajes pero a la vez es como si ese «marco» pendiera de un hilo a punto de romperse. Me crea sensación de urgencia. ¡Venga! ¡Hay que darse prisa!

Por último quería señalar la textura granulosa de ciertas zonas. Ya sean textiles, luces o sombras, creo que funcionan bien y además visualmente me da una gama de grises y degradados más interesante que un gris plano.
A parte, este grano me hace volver a las películas antiguas, también de intriga en ocasiones, que veía en la 2 cuando era pequeña y que aún no sé porqué me dejaban completamente catatónica frente al televisor.
Diquesí nos unió casi de manera milagrosa (¡viva la vida llena de casualidades geniales!) para hacer real este libro que entra por los ojos y te atrapa enseguida con la historia y sus personajes. Y al final, cuando lo acabas te quedas con ganas de más. Más Johnny Zapatos, más Chris Endsjo, más Diquesí y más blanco y negro.

